Tu cuerpo, otro cuerpo

Hoy todo el mundo anda publicando estados de sus hijos/sobris/nietis empezando la escuela, y está super bien, muy chulo. Da cosita rica y tibia en el corazón.

Yo no voy a hablar de eso aunque también tengo un principiante al lado. Más bien de lo que podría llevar a eso con suerte y ayuda.

Hace un tiempito, por razones que no voy a explicar porque no vienen al caso, ando buscando información sobre consultas de fertilidad.

Finalmente logré ubicar dónde es la cosa. Es municipal, en su área de salud deben decirles en qué policlínico y darles una remisión en caso de que necesiten el servicio. En algún momento saldrá un artículo explicando cómo es todo el proceso desde lo legal y de políticas públicas y de salud, y cómo está funcionando. Prometo poner link cuando salga y no, no lo voy a escribir yo.

Me siento tranquilamente a esperar para que me expliquen de qué va la cosa (ahí averigüé lo del área de salud, la remisión, que tiene que ir la pareja y bla) Mientras espero pasa una muchacha que viene del local donde se hacen regulaciones (todo el mundo sabe dónde está)

La mujer sentada a mi lado se gira hacia mí y con un tono de evidente desprecio me suelta «¿viste eso? Dios le da barba a quien no tiene quijada»

Obvio que sé por dónde viene. Pero me encanta hacerme la chiva con tontera y contesto «¿Disculpe?»

Entonces me empieza a contar su odisea por ser madre. Años intentándolo y con mucha marea en contra. Sumamente conmovedora la historia y más de una vez me entran ganas de abrazarla. Los dos años de la covid más todas las crisis añadidas han puesto en jaque todos los servicios de salud «no imprescindibles» y entre ellos los servicios de reproducción asistida.

A las personas con capacidad de gestar el tiempo nos juega en contra en este departamento. La ventana de unos años para resolver formación profesional, independencia económica, relación estable o por lo menos redes de apoyo para maternar;
sumado a que no somos fértiles de forma indefinida ni todo el tiempo, es una verdadera carrera de velocidad, y algunas no logramos la aceleración precisa.

Pues esta muchacha está perdiendo la carrera y eso le provoca mucho dolor. Un dolor lógico y comprensible. Pero ella, después de contar su odisea, que es muy dura, llega a una conclusión perversa: «Una aquí que no puede tener hijos y míralas a ellas, botándolos, como si fueran basura»

Sin dejar de empatizar con su caso, le tuve que explicar que eso no es así. O sea: una parte son las posibilidades de tu tiempo y tu cuerpo. Otra, los recursos que se te den desde lo médico para lograr tu objetivo de concebir. Tienes el derecho de recibir esa ayuda especializada. Tus redes de apoyo deben acompañarte en el proceso. Cualquier otra asistencia, dígase legal, informativa psicológica, económica, laboral, es igualmente tu derecho.

Pero los derechos sexuales y reproductivos no son selectivos ni pueden ser privilegios, y que alguien haga uso de ellos no debe privar de sus derechos a otras personas.

Esto va a sonar muy cruel, pero es así: siempre habrá a tu lado una mujer en mejores condiciones físicas para concebir que tú y quizás no esté dispuesta a hacerlo. Negarle su derecho a decidir si lo hará o no, no va a poner más óvulos viables en tus ovarios, no extenderá tu tiempo fértil ni hará mayores tus posibilidades.

Tu problema, amiga (y el mío) no está en el útero de otra persona. Este es un pensamiento intrusivo que mucho daño hace a las mujeres en la situación de la joven que me acompañaba en la espera.

Ya es duro el juego que nos toca. Ya todo el mundo se cree con derecho a cuestionarnos cuándo, cuánto, cómo y si vamos a concebir o no. Ya es duro que las personas no involucradas con cuerpo en esto ignoren lo serio y difícil que es. Ya es difícil obtener un buen resultado en algunos casos.

Así que no lo amarguemos además con estas ideas tristes y falsas, nos hacen daño a nosotras y entre nosotras, y no ayudan.

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