Mantenerte viva: correr

Llave plástica de tres pasos para la perfusión de fluidos por vía intravenosa

Hoy hace siete días exactos que salí del hospital, de mi tercera sesión de quimioterapia. El esquema R-ESHAP es muy agresivo y esta primera semana suele ser un asco.

Me digo una y otra vez que en el futuro habrá terapias menos brutales y las corredoras de mañana no sufrirán tanto, tendrán circuitos más benévolos y serán muchas más las que se salven. Pero no es consuelo mientras está fluyendo un medicamento que arde, mientras te mueres de náuseas o mientras orinas puro ácido que te quema. El dolor es una criatura muy egoísta.

Esa llave de tres pasos fue girada una cantidada aproximada de sesenta veces por cinco personas durante seis días. Tres medicamentos fueron pasados por vía intravenosa en cinco ciclos de veinticuatro horas cada uno. Otros dos ocuparon la vena durante tres horas. Y en ese tiempo (no por gusto tantos números) lo único que se puede hacer es contar el tiempo, leer, marcar el ritmo de cada ciclo dándole nombre de medicina ahora la metil…ahora el eposido…ahora el cisplatino, dormir, incordiar a tu acompañante o a la enfermera de turno, calcular cuando puedes robarle unos minutos al suero para bañarte, escuchar el ronroneo de la bomba dispensadora de medicamentos, mirar por la ventana, escuchar música, quejarte…

Salir de cada sesión es un paso que te acerca al final de la terapia. Aunque vayas con miedo a la siguiente porque ya tus venas no son las del principio y sabes que la acumulación de citotóxicos está llegando al límite, empiezas a contar en negativo, no como al principio que eran seis sesiones.

Estamos en la mismísima mitad de esta parte de la carrera, llena de curvas peligrosas, hondonadas, baches y colinas inclinadas. Es agotador el camino y es mejor correr sin pensar demasiado en lo que falta. Solo correr y ya.

Pero de vez en cuando coronas una cumbre, como hoy que me siento casi bien. Miras hacia adelante desde la altura e intuyes a lo lejos algo que se parece a la meta. Te palmeas las piernas hinchadas de correr, respiras hondo como no podías hacer hace unos meses y te dices que puedes y debes hacer el esfuerzo. Y sigues.

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