
Una parte importante de la vida es esperar. Esperamos por los hijos, por las cosechas, por el clima, por la materialización de algo, por el alivio. Esperamos tantas cosas. Se puede decir que más que seres que piensan somos seres que esperan.
Ahora espero por resultados de exámenes que confirmen al fin que la tercera de muchas infecciones (parte del proceso: los linfomas son cochinos) ya está bajo control y podemos seguir con el plan de envenenamiento de Patricia. Espero, y recuerdo las muchas esperas que hemos vivido en esta carrera.
Esperé por el informe de la primera tomografía. Y fue una espera llena de miedo, intuyendo. Luego la espera por los resultados de la otra tomografía y de la biopsia medular. Luego la larga, muy larga, espera por el informe de la biopsia final.
Una conocida pasó por algo similar y se hablaba tanto del tema en casa que su hijo de ocho años le preguntó cuándo estarían los resultados de la autopsia
«Bueno, mi amor, los de la biopsia estarán en algún momento de este mes, por los de la autopsia tendremos que esperar unos cincuenta años o más» le respondió y lo humorístico de la anécdota le quitó un poco de tensión al tema.
«Estábamos muy tensos todos, asustados. Se lo comunicamos al niño y me di cuenta por su pregunta que él también estaba angustiado por la espera, porque no hablábamos de otra cosa»
Esperar angustia. Muchas cuestiones son puestas en pausa y a veces es necesario porque dependen, para hacerse, de que lo esperado se solucione. Pero a veces no. A veces detenemos todo sin necesidad, inmóviles en el acecho, y eso agrava el agobio de esperar.
Espera, pero lee, planea futuros, come, descansa, comparte información, estudia, escápate y camina, haz todo lo que puedas y debas, vive mientras esperas. Vivir también es una forma de esperar y esperar es parte de la vida, no el fin último de ella.