
Cuando calculé que el policlínico estaba a seis cuadras me dije que aprendía o aprendía a ponerme yo misma las inyecciones subcutáneas porque a veces estaría en condiciones de darme el paseíto pero otras veces no.
El padre de mi hijo es diabético y la primer vez que lo vi inyectarse me dio fatiga. Desde entonces evité mirar para allá cuando desenfundaban la aguja. Tengo una experiencia fatal de pinchazos por todas partes desde los tres años y esa pinchadera de pellejo me daba escalofríos.
«Trata de ser independiente en todo lo que puedas» me recomendaron «Puedes empezar por el control de la medicación»
Una montó todas las alarmas para la medicina de mantenimiento y cada una o dos horas el pripripri te hace soltar lo que sea o despertarte y echar mano de la cajita con el camión de pastillas. Cuando termine todo esto voy a pedir una plaza de maraca en la Sinfónica Nacional, seguro que sueno divino.
Pero cuando la alarma que suena es «Pínchate»…
La primera vez pensé en el padre de Denis «¿quién te ha visto y quién te ve?» podría decirme. Pero no: sé que me hubiera dado un curso rápido de inyección subcutánea. Hice memoria de cómo lo hacía y no fue tal mal. Fue más el miedo que el dolor y en minutos ya estaba hecho.
Luego llegó la parte de la luna de miel con orgullo y engreimiento de «mira lo que puedo hacer por mí misma», guanaja que es una. Y luego la parte de «ay, me duele el brazo lleno de pinchazos ¿y si probamos en el muslo que es más grande?»
Así que ya saben: si necesitan una maraca o una pinchapellejo, pueden contar conmigo. Puedo hacer las dos cosas de lo más bien.