
Viene. No sabes cuándo pero llega igual. Puedes estar cepillándote los dientes, tomando agua fría, mirando por la ventana o terminando de darte un baño (este fue particularmente injusto: ¿cómo me vas a echar a perder un bañito caliente todo hedonista con el tembleque ese?) A cualquier hora, en cualquier circunstancia.
Empiezas a temblar y pasas de 36° a 39° y medio en minutos. «Bacteriemia» te dicen los médicos y mira que se aprenden cosas aquí, chica. Primero que es propia de las infecciones agudas, no solo de tu condición médica, segunda que es una rápida circulación bacteriana por la sangre, un motivito espontáneo de bichos, y tercera, que es el momento perfecto para clavar una jeringuilla y sacar muestras para ver quién o quiénes están gozando por ahí dentro.
¿Qué hacer contigo? Envolverte en colchas, un tamal, ponerte la medicación para la fiebre y darte masajitos para que entres en calor y te vayas controlando la tarantela. Luego te duermes y despiertas como una rosa y más fría que una rana.
En una película de los 80, «Magnolias de acero» (sí, porque en esto nos hemos educado con películas, documentales y series, de ahí nuestra dramática disposición hacia el tema) se ve eso mismo en una escena muy impactante, que recordé en cuanto me pasó por primera vez.
Algo me decía un amigo que anda en la carrera como cuidador hace años y es lo poquito que se nos educa en salud y prevención, el silencio que hay en lo concerniente a ciertas enfermedades y lo casi nada que se explica sobre signos, cuidados específicos y señales de alerta. Si supieras de antes, estos eventos no te cogerían de sorpresa y podrías afrontarlos mejor. No he podido estar más de acuerdo con él. El que no sabe es como el que no ve, y eso es fatal para entender tu proceso.
Yo, de momento, tengo una idea, y no es que quiera hacer caricatura de la situación porque es fea y todo el mundo se asusta bastante de verte así. Pero tengo esa idea.
Para la próxima voy a practicar el twerking. Me tiro la colcha por arriba, me agarro del cabezal de la cama y a mover la caja’e bola. A ver si aprovechamos el impulso temblequero para mejorar la técnica y dejamos atrás la chealdad arrítmica.
Avisamos que no se afectó en su integridad física ni dignidad a ninguna Yadira en la elaboración de este texto y dice el laboratorio que ese bicho ya está en proceso de ser identificado. Seguimos corriendo.