
Desde que Leona Chalmers patentó el primer modelo usable de copa menstrual en 1937, este utilísimo dispositivo ha demorado casi un siglo en popularizarse.
Es lógica la resistencia. La manipulación, la limitación de acceso, la resistencia a los cambios, el rechazo a un proceso que es natural pero siempre ha sido tildado de sucio y desagradable, y el desconocimiento de muchas mujeres de su propio cuerpo, han sido factores que han comprometido el uso generalizado de este dispositivo.
Un poco de historia de la copa
En la búsqueda de métodos eficientes y discretos para recoger la menstruación muchos dispositivos similares a la copa fueron patentados sobre todo en Estados Unidos. Algunas de las formas parecidas por las que las mujeres optaban eran sacos donde se recogía el flujo menstrual o incluso hubo quién pensó en copas de metal.
La primera mujer en diseñar la primera copa realmente efectiva que se comercializó fue la escritora, inventora y actriz Leona Chalmer en 1937.

Esta copa estaba hecha de goma, los músculos del suelo pélvico eran los encargados de sujetarla. Su mecanismo de sostén era muy similar al de los pesarios para corregir la debilidad de la musculatura pélvica en casos de prolapso uterino.
La Segunda Guerra Mundial detuvo su perfeccionamiento y producción. Esta guerra hizo que el material con el que ella fabricaba las copas escaseara, y al terminar la guerra tampoco mejoró ya que muchas mujeres no estaban dispuestas a cambiar de lo tradicional a algo como la copa menstrual.

En aquella época tanto la menstruación como el cuerpo de las mujeres o la sexualidad en general eran temas tabú. Así que algo tan básico como manipularse la vagina a una misma era casi impensable para la mayoría de las mujeres.
Las modificaciones que desde entonces ha ido sufriendo la copa han estado más dirigidas a la elección de material: de la goma, al látex, hasta la actual silicona médica hipoalergénica. Pero la estructura original es prácticamente la misma, confirmándose así que el diseño de objetos para usar en el cuerpo femenino a menudo es mejor cuando lo hacen las mismas mujeres.
La copa, un médico y malentendidos nivel comedia americana de humor negro
Hace una década un amigo médico que estaba de guardia fue llamado de urgencia al departamento de patología.
Tenían el cadáver de una mujer joven, que había fallecido en un accidente. En el examen del cuerpo habían encontrado un extraño artilugio que no podían explicarse que era.
Estaban a punto de llamar a la policía, sospechando hasta tráfico de drogas, terrorismo y cualquiera de esas cosas que gatillan la paranoia, perfectamente justificada, de las autoridades. Pero antes pensaron preguntarle al doctor del cuarto piso
«que rotó el año pasado por ginecología y seguro sabe qué es esto»
Mi amigo tomó el objeto en la mano y sin poder evitarlo empezó a reírse, ante el desconcierto del patólogo, los asistentes del departamento y los espectadores inútiles que siempre andan por ahí.
Nunca había visto una de esas fuera de la literatura médica más actualizada y le parecía maravilloso que al fin hubieran cruzado el mar y comenzaran a apropiarse de las vaginas insulares. Era una copa menstrual de talla S, modelo Keeper, exactamente igual a las salidas de las manos y el ingenio de Leona.
«Todo ese revuelo por una copita» dijo después «No quiero imaginarme lo que hubieran hecho si en vez de una copa hubieran encontrado un vibrador insertable de manos libres. Posiblemente hubieran llamado un escuadrón antibombas»
La copa en Cuba hoy

Acá en Cuba la copa demoró en llegar, como tantas cosas. Pero ha encontrado un público ávido, tal vez no todas de usarla, pero sí de saber.
El costo y acceso a productos de higiene menstrual es complejo. El impacto ecológico de los productos de higiene femenina de un solo uso es alto. La copa puede ser (es) una alternativa más que positiva.
Emprendedoras y creadoras como Samantha Olazábal y su equipo de UVe promueven su uso y distribución en Cuba, por medios propios, donando incluso y ofreciendo charlas educativas acerca de la copa y, en general, sobre empoderamiento femenino y autoaceptación porque «sabernos limpias, sanas y seguras es un modo de entendernos, protegernos y amarnos, de no rechazar, por sucios o desagradables, procesos de nuestros cuerpos que son naturales y hermosos en esencia»
Mi primera copa la obtuve gracias a la solidaridad de una amiga, y ha sido un descubrimiento y un alivio.
Es cierto que no todas logramos adaptarnos, que hay muchos estereotipos y temores qué vencer y que algunos hábitos deben modificarse. Pero vale la pena el intento.
Hoy, en un punto de La Habana, centenares de mujeres acudieron a una actividad de UVe a recoger su copa, conversar, acompañarse como las integrantes de una tribu antigua y aprender. Y a juzgar por las fotos y comentarios en las redes sociales, esta noche habrá unas cuantas mujeres satisfechas por acá.
Más sobre Cuba y la copa en este link de Matria 👉 https://eltoque.com/copas-menstruales-en-cuba-para-chicas-cool