
–Por favor, sea breve –dijo la del traje sastre.
Ofreció su mano a la gitana sin soltar el portafolio.
–Hija, en tu destino veo una sombra…
–¡Breve, mujer, no tengo tiempo!
La gitana torció el rostro en una expresión de fastidio.
–Muy bien, seré breve. Usted va a morir en dos semanas.
–¿Dos semanas?
–Dos semanas justas.
La del traje sastre sacó una agenda e hizo un par de anotaciones.
–¿A qué hora será? –preguntó y volvió a ofrecer su mano para que la otra la mirara.
El rostro de la adivina se ensombreció más aún. Sin tomar la mano de la ejecutiva gruñó:
–A las cuatro y veinticinco.
La ejecutiva terminó de anotar en su agenda, puso un billete en la mesa y partió a una junta.
¿Se librará de la muerte si esta llega tarde?
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Tal vez 🤷
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