Sueño compartido

Versión Podcast (en Inglés) por Tall Tell TV

No puedo más. Ya sé, quizás no haya nada de qué preocuparse por ahora, pero tengo hijos. Viera está esperando su primer bebé y Henrik se casa dentro de dos meses. No puedo afrontar esto con la misma calma que los demás.

Son solo sueños. Sin embargo no es una coincidencia que miles de personas hayan estado soñando fragmentos de la misma historia a lo largo de años, desde que se validó la tecnología que creamos. Y desde siempre, a juzgar por los registros y entrevistas de estudios del sueño que se hacían antes.

Exploración y Graficación Visual de Estímulos Neuroeléctricos en Sueño Profundo es un nombre largo para algo que la gente ha tratado de hacer desde que fue conciente de sus sueños. Y va más allá del intento primitivo de interpretar lo que se sueña o adivinar qué pasa en la vida analizando los pocos recuerdos que aún conserva el durmiente al despertar. Es hacerlos visibles para los demás, es permitirle a cualquiera ser capaz de “ver” claramente qué soñó.

Ni siquiera se recuerda la mitad de lo que se ha soñado, ni la cuarta parte. Esa fase del cerebro poniendo en su lugar todo lo que se ha vivido o pensado en vigilia siempre será un misterio: un ordenador que nunca se detiene, que solo borra información cuando padece alguna enfermedad o lesión, o cuando la mente, especialmente entrenada, olvida. Los sueños son una información particularmente difícil de sacar de las gavetas del subconsciente. Y es tan útil una vez que la has expuesto y analizado como es debido con ayuda del especialista indicado.

Ahí estaba yo. Llegué a este proyecto como psicóloga, especialista en psicoanálisis. Rostislav y yo éramos los únicos especialistas que no dominábamos las complejas terminologías cibernética y químico-metabólica.

En la era de la generalización se dice que la interdisciplinariedad es el preludio de los nuevos descubrimientos. Antes una mentalidad especialmente flexible e intuitiva, con poderosas capacidades de análisis, partía de una serie de conceptos y supuestos derivados de la experimentación, el estudio y la observación. Y de ahí, al descubrimiento; como unir por arte de imaginación y análisis las piezas de un rompecabezas que actúa y provoca cambios alrededor convirtiéndose el exitoso investigador casi en un dios, capaz de entender una pequeña parte del funcionamiento del universo, incluso hasta de intervenir en él.

Los tiempos cambian. No es que haya menos por descubrir, sino que determinadas leyes básicas ya han sido develadas y lo restante son aplicaciones y leyes derivadas o secundarias. El presente y el futuro no pertenecen a los genios solitarios, aunque de vez en cuando alguien eche mano a algún hilo de la telaraña universal. Ahora son equipos quienes tejen los hilos ya conocidos de las telarañas ciencias-artes, vinculando psicología con cibernética y cálculo, con química y neurología, con animatrónica y filosofía, y de cuyo tejido nacen cosas como nuestra EPGENS.

No voy a decir cuánto nos llevó, ni todos los esfuerzos que hicimos, todos los errores y experimentos, todas las veces que nuestra fastidiosa especialista en animación Leeta y yo estuvimos a punto de agarrarnos del pelo. Solo sé que cuando comenzamos Viera era un bebé y Henrik ni soñaba nacer, y hoy Leeta y yo somos las mejores amigas, llenas de arrugas, canas y miles de viejos chismes que contarnos una y otra vez.

La EPGENS estuvo terminada y el instituto comenzó a estudiar los sueños. Los dispositivos, a los que llamamos “fisgones”, se metían en el sueño de los voluntarios y arrojaban cúmulos de imágenes que había que editar y organizar para que los especialistas debidamente autorizados y adiestrados las analizaran. Hasta ahí todo bien.

Incluso nosotros nos sometimos a la exploración y tuvimos ocasión de molestarnos unos a otros con las burlas sobre sueños húmedos, terrores sepultados de la infancia y hasta el arquetípico sueño embarazoso donde te despiertas y corres desnudo por la calle mientras te miran personas como tu profesor de primaria o tu jefe.

Pero cuando el estudio se profundizó, el Doctor en neurología Hermann Djülik, un asesor que apoyaba el trabajo de edición, nos hizo notar algo alarmante. Llamó la atención sobre la repetición constante de ciertas secuencias. Aparecían, fragmentadas y distorsionadas por la perspectiva individual de cada usuario, pero inconfundibles.

El doctor revisó las secuencias sospechosas y halló invariantes, e incluso editó aquellos fragmentos hasta revelar este suceso catastrófico, en un collage de distintos modos de ver la escena donde se superponían imágenes claras con otras opacas y hasta algunas que parecían dibujadas a mano. Y revisando datos de las entrevistas acontecidas cuando aún el EPGENS era una teoría encontró descripciones de ése sueño.

En un lugar, parecido al interior de un remolque, alguien despierta sintiendo un sonido atemorizante, mezcla de trueno y crepitación. El durmiente se levanta y camina a una pequeña ventana desde donde ve cómo una ola de fuego se acerca despedazando casas y sumiendo todo en una humareda negra. El alter ego en el sueño se aparta de la ventana, corre hacia el interior de su casa y frente a él la pared se derrumba en un muro de llamas.

Solo un sueño; surrealista, raro, matizado por la lentitud pegajosa de las pesadillas. No es nada preocupante. Cuando Henrik se unió a un grupo de surfistas yo solía soñar todas las noches que surfeaban hacia una pared de agua que caía sobre ellos. Todo el mundo tiene pesadillas.

Pero esta se repetía, se compartía entre miles de personas de tal modo que podías superponer el encadenamiento de sucesos como si colocaras negativos de fotos idénticas uno sobre otro. Alguien lo soñaba en colores, otro en dibujos animados, aquel como sombras chinescas, ése como una mala película de stop motion. Era el mismo sueño.

Las mismas flores en iguales búcaros rústicos, sobre mesitas idénticas colocadas junto a la misma ventana. El mismo empapelado de barcos veleros en la pared que explota. Y así otros detalles.

No sabemos a quién decirle. Es una locura. Y el sueño está apareciendo con más frecuencia en nuestros registros, como el aviso que un ordenador infectado de virus manda una y otra vez en progresión creciente.

Hemos decidido callarnos.

No sabemos si es algo que ya ha pasado a alguien con un especial poder de telepatía y quedó en el subconsciente colectivo como un faro sin propósito, o si es algo que pasará, algo que un individuo recibió en el sueño como revelación profética y de algún modo dispersó en los sueños de la gente. Algo que se acerca.

Soy madre, seré abuela. Y tengo miedo; nunca me importó mucho el futuro porque lo creía más o menos a salvo… ahora no me siento tan segura.

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