Vacías

A veces veo tan vacías a las mujeres de las novelas en la televisión. No todas las novelas y no todas las mujeres, claro, pero sí tantas como para llegar a creernos que todas son así.

Tan vanas, tan incompletas. Unas existen para ser bellas y enamorar. Aunque no sé quién puede enamorarse de alguien cuya única función es ser bella, ni cómo podrá seguirla amando cuando el drama termine y la bella empiece a envejecer. ¿Se aburrirá?

Otras están ahí para ser celosas, o tontas, o malvadas. Me pregunto entonces, esas malvadas ¿sabrán cocinar bien? esas tontas ¿habrán sido niñas que acariciaban gatos? esas celosas ¿tendrán miedo de la oscuridad? Me pregunto también si las celosas lloran a escondidas, si las tontas saben tejer, si las malvadas tienen amores secretos.

¡Qué pequeñas y vanas y vacías me las inventan! Con el tiempo se me olvidan todas y es una lástima, porque no existe ninguna historia olvidable, sino historias mal contadas que la cabeza prefiere olvidar. Lástima porque estoy segura de que, dejando a cada una ser, todas serían, por su cuenta, una buena novela.

Qué lástima me dan, abocadas a desaparecer de la memoria. Y qué lástima de la gente que se pierde conocerlas bien, y amarlas, odiarlas, despreciarlas o tenerles piedad con argumento.

La malvada puede ser una mujer triste, a la que se le morían todos los cactus y cuyo único talento era tejer, aprendido con la amante de su padre y único amor maternal recibido en una infancia seca e infeliz.

La celosa puede ser una morfinómana e insaciable lectora de libros de astrología, dónde descripciones malvadas del signo de su amor le advierten que él no está hecho para ella.

La tonta, tal vez, es una muchacha analfabeta a la que una familia conservadora negó cultura y educación.

Pero no. Todas son solo esas máscaras imperfectas y mal hechas, caricaturas incompletas de las mujeres que podrían ser.

Qué manera tan absurda de desperdiciar buenas historias.

6 comentarios

  1. Por desgracia, el lenguaje televisivo carece de la riqueza y la profundidad de la literatura para llevar a mujeres (y hombres) mucho más lejos de los estereotipos que casi no es necesario detallar. Aún así, nuestras novelas al menos lo intentan: los culebrones mexicanos y la soap opera estadounidense ni siquiera se toma el trabajo.
    Pese a que ya los guiones son cosa de risa en nuestras telenovelas de producción en serie, nos queda una Verónica Lynn como la malvada Doña Teresa, que también daba de comer a sus pajaritos. O una Justa, servil en apariencia pero enamorada de Silvestre Cañizo, que Alina Rodríguez hizo entrañable.
    Las mujeres de telenovela también pueden ser tan memorables como intrascendentes… tal como lo son, por desgracia, aquellas que las ven.

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    • Claro, que ambas están basadas en sendas novelas radiales de Dora Alonso, así que a recogerse guionistas. Y las dos tuvieron detrás verdaderos elencos de actores inolvidables.
      Tocaría un meme de perrito de antes vs perrito de ahora. O de Liberato vs Machi. Pero ustedes no están listos para esa conversación.

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  2. La telenovela es un género que adolece de muchas cosas, entre pobres diseños de personajes, historias llanas y repetitivas, estereotipos… Hace años que no las sigo por eso, apenas me las topo por inevitabilidad como digo, o por transitividad… Es una lástima porque en esencia es una extensión de la novela literaria y del teatro dramático, que con ajustes inteligentes en sus códigos podría ser un género mágico. El mayor mal que ha sufrido siempre, en mi opinión: el conformismo de los escritores y las miras puestas en el estereotipo de mujer llana y de pocas luces, ama de casa de las primeras décadas de la radio, donde surgieron los primeros exponentes, antes de saltar a la pantalla chica. Aparentemente los involucrados en la producción de ese género se resisten con frecuencia a concientizar que su público, en casi un siglo, ha cambiado mucho…

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  3. Bien, la telenovela ha hecho mucho daño a la mujer. Tanto socialmente, como a nivel de juicio. Ser guapa o lista. La mujer siempre debe ser cuestionada por una u otra serie de cuestiones que vemos, pero que se sigue perpetuando antaño, que llega a los días de hoy y que, mientras se tenga la idea de que, la mujer puede ser dulce, exageradamente buena o malvada, sin sentimientos o cruel, serán los dos únicos modelos a ser entre todas y cada una de las mujeres. Personalmente, ya no es tanto el saber cocinar o amar, para mi, desde mi punto de vista, es si hay cosas que te motiven en la vida pese a tus circunstancias debes seguirlas sin pensar que lo único que mueve tu mundo es el dinero, la venganza o el amor. A mi no me gustan este tipo de historias sobre todo porque hay una puesta en escena de lo realmente prejuicioso: que todas las mujeres son y deben ser hermosas, que solo las que son blancas pueden ejercer en ese mercado y las indígenas o negras no, que la codicia o la suerte está en tener mucho dinero sin tener en cuenta todos los aspectos de la vida. El dinero ayuda pero no lo es todo, y por último, incita a la mujer a vivir un amor, del todo romantizado y fuera de lugar. HAY QUE DESPERTAR. Buen trabajo.

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  4. Y dice Cabrónidas… «Al fin y al cabo, humanas».
    Muchas mujeres de estas sí… Son… O no son. Prefiero quedarme en eso de «humanas» porque irremediablemente esos perfiles no les quitan humanidad. Prefiero no juzgar, a estas alturas no. Al cabo cada una lleva en su interior sabrá Dios qué costales de piedras.

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