Hay una novela de ciencia ficción, no muy conocida tal vez, “Los Homúnculos”, de Peter Lorenz, que está entre mis preferidas. Ahora, a la luz de todas las lectura que he hecho, no está entre las mejor escritas, sin embargo tiene múltiples ramificaciones a varios dilemas del género, que es como decir múltiples ramificaciones a dilemas humanos que todavía estamos empezando a distinguir. Una de las más ajustadas a este momento es la amenaza de una epidemia de proporciones monstruosas que, en la novela, es contenida en el instituto de investigaciones donde se creó el patógeno que la provoca.
La ciudad, Nakina, queda en cuarentena. El mundo entero pone los ojos sobre el país, la ciudad, el instituto. La amenaza muta a la muy real posibilidad de que alguien decida borrar el peligro simplemente tirando una atómica en medio de Nakina para eliminar de raíz el mal. Al final todo termina con bien, merced a un deux ex machina que ahora nos podría hacer reír pero se inserta muy bien en el contexto general y de algún modo da paso al conficto real de toda la historia.
Todo sucede en menos de cuatro capítulos, traducidos en el tiempo de la novela a diez días (3-9-2038 al 13-9-2038) Muchos patrones emergen, similares a algunos de los patrones ahora en curso con esta realidad pandémica.
Hay grupos solidarios haciendo trabajo de amparo y difusión de información y ayudas, comunidades e individuos egoístas que hacen del caos su nicho de juegos y beneficios, grupos de pánico, grupos de poder, mitos, imprudencias, saqueos y emergencia. Hay pequeñas historias individuales llenas de belleza y otras menos felices.
Cuando todo termina, ese mundo ficticio de Peter Lorenz no queda igual. Hay protocolos legales y médicos que establecer, responsabilidades que distribuir, precedentes que van a marcar el resto de la acción humana y obligatorios cambios de actitud y procedimiento.
Toda crisis lleva aprendizajes. No tiene que venir a decírnoslo ningún escritor. Veremos si se aprende de esta, y si el aprendizaje nos lleva a cambiar cosas que deben cambiar, si es que queremos sobrevivir. Porque vamos a sobrevivir igual, el punto, es como qué sobreviviremos.