Vendrá, entrará (entró) estará y se irá llevándose muchos con él. Y una entre las infinitas teorías dice que tal vez se convertirá en nuestra varicela del siglo.
Le ronca que entre los legados del XXI esté una nueva enfermedad endémica en la especie. Como si el menú de necesidades vacunales no fuera ya bastante extenso. Pero, en fin, es uno de los males del Antropoceno.
Yo decidí sacar a mis estudiantes a clase en el patio. Nos sentamos en semicírculo a distancias prudenciales unos de otro y me paré a conversar (yo no «imparto clase», yo dialogo) a la equivalente distancia de dos metros de ellos. Hablamos de desarrollo y evolución, de dialéctica en la situación social del desarrollo humano. Usé la fábula del anillo levitante caótico para explicar por qué los maestros, médicos, psicólogos y otros especialistas que trabajan con gente quisieran que todos los anillos levitaran uno detrás de otro y a la misma altura accesible, para disparar en medio de todos, como Odiseo, y triunfar en su misión sin pasar trabajo. La verdad es que los anillos levitantes caóticos van a su aire, a la altura que les da la gana, a la velocidad que se les canta y algunos, incluso, van de lado, como para que el proverbial flechazo se vuelva casi un imposible. Y no es «un» anillo levitante, son muchos. Les gustó y así vieron de otro modo, con un ejemplo extraño y divertido, la necesidad de entender la enorme diversidad de gente y de adaptarse a esa diversidad, a navegar en esa corriente con respeto, profesionalidad y amor, para poder acercarse siquiera a la diana y cumplir con su misión como psicopedagogos.
Luego hablamos de las adicciones en diferentes grupos etáreos. De factores protectores, de agravantes, atenuantes, vulnerabilidades. Hablamos de lo que nos hace vulnerables o fuertes, de cómo ayudar profesionalmente. Y de paso revisamos qué evaluaciones hemos ido haciendo, para que nadie se quede detrás por deberme un llamado. Nos propusimos (me incluí) repasar nuestros proyectos de vida para el próximo encuentro, el siguiente martes.
Y luego terminamos respondiendo una pregunta clave.
No nos tocamos, no nos respiramos de cerca, mantuvimos el espacio personal. No estábamos confinados. No estábamos aglomerados. Tal vez sea insuficiente… Pero hacemos lo que podemos con lo que nos han dejado, sin dejar de aprender un poco. Y al final tomé una foto de todos.
En lo adelante, cada vez que trabajemos juntos, mi toma de asistencia será así. Y espero que ninguna silla se me quede vacía porque los necesito a todos ahí, son parte de mi propósito.
Beso. Está no será tu última clase, lo prometo.
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😘😘😘
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