Gestar a los hijos de tus amores

Hace unos meses una amiga me entrevistó para un medio no oficial acerca de la gestación solidaria, no comercial.

Aunque no todo lo que dije fue utilizado en la entrevista (fue una larga conversación) transcribí todo pensando en un posible artículo futuro.

Hoy la gestación solidaria es una realidad jurídicamente legitimada en Cuba, en virtud de un grupo de artículos que la regulan en el recientemente aprobado Código de las Familias. Pero aún no se sabe suficiente sobre el tema. Aún persisten resistencias, miedo y mucha ignorancia sobre el tema. Queda mucho por educar en familias, especialistas y población en general.

Transcripción de entrevista realizada por la periodista C.P.G.

Y: en primer lugar hablo sobre el tema no como experta, porque no lo soy. Sino mi visión como madre, hija, maestra, acompañante y amiga de personas que han pasado por distintos procesos relacionados con la reproducción (gestación, parto, crianza, subrogación, aborto, fertilización asistida, duelo perinatal, crianza de hijes). O sea, mi criterio no está fundamentado en teoría sino en puras vivencias mías y ajenas. Me responsabilizo por estas mis opiniones actuales, pero considero que aún me faltan elementos para hacerlas más precisas y argumentadas y por eso tal vez no resistan un escrutinio serio por expertos. Me arriesgo.

CP: Supongamos que una mujer que está en condiciones de ser la gestante necesita el dinero. Ella está de acuerdo, quiere hacerlo a cambio de algún beneficio. ¿Aun cuando medie el consentimiento, también es explotación? ¿por qué?

Y: Creo que siempre que medie alguna forma de coacción o presión, ya sea económica, afectiva o de otro tipo, para enfrentar una situación de peligro relativo, existe explotación. La gestación, el parto, la cesárea, la fertilización asistida, todos, son procesos con niveles variables de riesgo e incomodidad. Además de que ningún embarazo es igual a otro, o sea, yo no puedo afirmar de manera absoluta que si mis embarazos anteriores no fueron complicados uno posterior tampoco lo será.

Muchas cosas pueden salir muy mal y el impacto físico, emocional, social, es elevado si sucede. Lo que se pone en juego es el propio cuerpo y la salud física y mental.

En el caso de una persona que conozca a fondo la complejidad del proceso, se está sometiendo, de forma “voluntaria” a un posible sufrimiento y muchas molestias que además se extenderán por casi un año, si contamos el tiempo que se debe dedicar al proceso de fertilización asistida, la gestación y luego, en caso de que haya que recurrir a la cirugía, la convalecencia, o el postparto, hasta que el cuerpo recupere su estado anterior.

Dicho sea de paso, hay eventos traumáticos en el parto y hasta durante la gestación que podrían no ser de rápida recuperación y el cuerpo tomar un tiempo hasta retornar a su estado normal. En el caso de una persona que no sepa a ciencia cierta a qué se expone, el sufrimiento es doble. Y digo esto no porque crea que todos los embarazos y partos podrían cursar de la peor manera, ni porque me oponga a la gestación solidaria, sino a que es una decisión que transforma totalmente la vida de quien la emprende y no me parece justo que lo haga forzada por circunstancias económicas, imposición afectiva o por alguna otra forma de presión.

Que existan personas que se aprovechen del estado de indefensión de otras para conseguir gestantes me parece monstruoso. El dinero no compensa la diabetes gestacional, modificaciones hormonales importantes, agotamiento, pérdida de capacidad de trabajo, un parto complicado o consecuencias de una cesárea. El cuerpo humano es delicado y gastable. No me parece que un embarazo sea una asignación de trabajo aceptable, nada paga algo así.

CP: ¿Cuando te refieres a coacción, eso es con respecto a la gestante o también a la madre de intención?

Y: Me refiero a cualquier persona que asuma una gestación por otras razones que no involucren su deseo de dar a luz sus hijos o apoyar de forma altruista a otras maternidades y paternidades. Y también a la madre de intención que en realidad no elige todo el proceso sino que, por sentirse presionada a ser madre, presiona a su vez a una persona con capacidad de gestar para que emprenda toda la compleja estrategia que lleva la gestación asistida.

CP: Bajo la premisa de que el cuerpo es el primer espacio político ¿qué trascendencia tiene este tema en el contexto de radicalización del movimiento provida en Cuba y la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en todo el mundo?

Y: todo tema que involucre el ejercicio de derechos sexuales y reproductivos ha sido problemático cuando entra a debate, político, religioso, económico y hasta cultural. La gestación solidaria y la subrogación comercial implican un uso del cuerpo humano que no se contempla ni se considera siquiera natural y aceptable a la luz de ciertos preceptos.

Colisionan, de un lado, la imposición patriarcal acerca de la gestación, con toda la concepción romantizada y heterobinaria de la maternidad, y del otro, el derecho de las personas con capacidad de gestar a decidir el modo en que se llevará esa gestación y los fines para asumirla.

Para el movimiento provida y en general para todos los sectores conservadores, el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos es una afrenta a sus intereses y dogmas acerca de lo que es ser madre y parir. Para algunos feminismos en particular, tampoco es aceptable la gestación subrogada, sea solidaria o comercial, por una visión biologicista de la gestación y por las resistencias generadas a partir de ideas sesgadas acerca de toda forma de subrogación.

La sociedad cubana en pleno no ha visibilizado esta posibilidad como algo factible, cercano, hay mucha ignorancia acerca de esto y tiene cierta lógica que exista desconfianza, atizada además por sectores fundamentalistas que, sin abordar todas las aristas del tema, solo lo que responde a sus intereses proselitistas, están generando una matriz de opinión bien negativa al respecto.

Aunque hayan sido aprobados los artículos concernientes a esto, se viene una batalla bien dura para su implementación. La resistencia a todos los niveles, desde el familiar hasta el comunitario, legal e institucional, será fuerte. Y puede contribuir a radicalizar posturas en contra y a favor.

Por cierto, prácticas médicas muy necesarias como los trasplantes, injertos y transfusiones son satanizadas por algunos credos, imaginen la fertilización asistida y las formas de subrogación. Y además, en Cuba ya han existido casos de mujeres que han alquilado sus vientres y capacidad reproductiva de manera más o menos clandestina. Nadie está mirando en esa dirección ni mencionando esos casos ¿por qué será?

CP: Los artículos dedicados a la gestación solidaria en la propuesta de CF presentan tanto omisiones (de sujetos trans, por ejemplo) como expresiones marcadamente machistas cuando alude en algún punto al consentimiento de la pareja para determinada acción. ¿Estas deficiencias pudieran entenderse como intencionales, ancladas en un interés ideológico o crees que fueron fruto del desconocimiento del cuerpo de redactores?

Y: yo no puedo saber qué pensaban quienes los redactaron, tampoco de su postura ideológica o sus intenciones.

Quisiera pensar que es fruto del desconocimiento acerca de qué implica la gestación solidaria y todos los procesos que conlleva, que parte también de una formación eminentemente heteronormativa y binarista que no concibe un hombre trans embarazado o una mujer que elige ofrecer sus capacidades reproductivas para que otras personas tengan hijos.

Tengo fe en que no hay ninguna manipulación intencional, ninguna ideologización más allá de legislar un proceso cuyo control es necesario y urgente a la luz de los cambios que se vienen. Siempre pienso lo mejor, así que solo el tiempo dirá y espero tener razón en no pensar lo peor.

CP: ¿Cuánto pierde una norma que no cuida detalles como estos en temas de protección y representación?

Pierde mucho. No concebir que pueda existir un hombre trans embarazado, o una mujer fértil que ofrezca sus capacidades reproductivas, o que haya personas que elijan esta forma de tener hijos, o que existan hijos producto de esta forma de reproducción, hace que quienes redactan la norma no contemplen a todos los posibles actores del proceso, y coloca a algunas personas en una postura de indefensión legal que no es aceptable.

Puede funcionar como una restricción de quién puede y quién no puede, volviendo a dejar a algunas personas fuera del grupo protegido por la norma. La subjetividad de quienes diseñan dicha norma puede contaminarla. Supongo que será algo a subsanar en el futuro y con la práctica.

CP: Me resulta interesante que destaques el componente educativo como esencial para asumir de la mejor manera este proceso. ¿Qué factores y de qué manera pueden contribuir a los niveles deseados en este sentido?

Y: esto yo lo vería en tres direcciones que deben transversalizar los procesos educativos institucionales (centro de enseñanza primaria, media y superior, y centro de superación posgrado) y comunitarios, además de ser consideradas en las políticas de comunicación y difusión de información como parte de sus funciones educativas.

Una adecuada educación integral de la sexualidad puede preparar a las personas para conocer sus derechos sexuales y reproductivos, para entender la complejidad de la gestación, como sea que se emprenda, el desarrollo del propio organismo y del autocuidado físico y emocional.

Una educación jurídica apropiada permitiría conocer de derechos, deberes y consecuencias legales como gestante por solidaridad, especialista que facilita y atiende el proceso y padre/madre.

Y una educación socioemocional idónea dotaría a las personas de recursos emocionales e intelectuales para emprender, entender y/o apoyar el proceso. Así se contribuiría a que no se banalice esta forma de reproducción, a que las personas con capacidad de gestar no sean proclives a manipulación y a que cuando se decida emprender una gestación solidaria todas las partes cuenten con la información, la protección y los apoyos necesarios, y ejerzan las responsabilidades correspondientes.

Concibo, además, la gestación, parto, crianza, educación y cuidados como procesos colaborativos que no tienen por qué significar conflictos antagónicos, despersonalización, comercio ni desgarramientos entre las personas que se involucran en ellos. Pero entiendo también que las sociedades en conjunto no están preparadas para verlo y practicarlo de ese modo.

CP: ¿Puedes explicar tu idea de la gestación, la crianza, la educación y los cuidados como procesos colaborativos, y por qué las sociedades no están listas?

Las personas no son tanques ni productos. En la gestación comercial son tratadas de ese modo tanto la persona gestante como el hijo, por parte de los especialistas y proveedores. A veces, las madres/padres también participan de esa despersonalización, porque tienden a mover su lealtad y dedicación al hijo (siempre que cumpla con sus expectativas) mientras que los cuidados hacia quien lo gesta no implican interés verdadero por su vida o su salud en tanto solo importa que pueda cumplir con su parte en la transacción.

Para gestar, parir y enfrentar el posparto hace falta más que un cuerpo fértil. La persona gestante, aún si no está gestando a alguien que podría considerar hijo, requiere ayudas, económicas, emocionales, de cuidados. Y luego de dar a luz, ya sea mediante parto o cesárea, necesitará un tiempo de ajuste donde también requiere cuidados. El bebé producto de una gestación solidaria tiene un cierto vínculo biológico con su gestante. Aun cuando no compartan ADN hubo todo un proceso previo de nexo físico que marca de algún modo su estado de bienestar y por ello requerirá también ciertos ajustes adaptativos posteriores al nacimiento.

Y más allá, cuando crezca adquiera conciencia de sí mismo y empiece a analizar su identidad y origen, necesitará también explicaciones honestas y bien fundamentadas sobre el proceso que le permitió existir.

Creo que el modo en que se lleva la gestación, los acompañamientos y apoyos requeridos, cómo se efectúa la separación de la persona gestante y del bebé, y la naturaleza del vínculo entre ambos después del nacimiento, debe ser previamente determinado y regulado por las personas involucradas y los especialistas que asesoran y protegen a cada parte. Esto implica negociación, conciliación, colaboración y respeto a los intereses, salud y necesidades individuales de cada cual.

No me parece que sea algo que se pueda construir de manera orgánica y positiva entre personas que se contemplan mutuamente como billeteras y vientres y a los hijos como trofeos o asignaciones de trabajo.

Tampoco que se pueda concretar entre personas que no tienen vínculos afectivos que los motiven a preocuparse de cómo están viviendo cada momento del proceso y de qué manera se puede hacer más cómodo, menos invasivo, e incluso disfrutarlo como el proceso natural y afectivo que es.

En mi ideal, tal vez muy poco aterrizado en la realidad, concibo la relación de gestante, padres/madres, hijos, como un vínculo familiar, donde primen afectos y colaboración. La persona gestante, en tanto toma de forma libre y no coaccionada, la decisión de ofrecer su cuerpo de manera altruista para que otras personas, dígase amistades o familiares, puedan tener hijos, debe ser respetada, acompañada y sostenida durante la gestación y si es preciso, mientras se recupera.

Los hijos producto de esta gestación, deben conocer que existió una persona que les gestó, que no son sus madres/padres, e incluso, si es pertinente, tener algún vínculo afectivo con su gestante, aunque este no sea de maternidad o paternidad, o al menos saber que esa persona existe y es parte de su historia de vida.

Todos estos arreglos implican una visión no posesiva ni transaccional de la gestación y crianza, una visión centrada en el bienestar de todos los implicados más allá de resquemores y mezquindades. Reconozco que es un paradigma no muy realizable para estos tiempos, pero, para mí, suena bastante positivo y tal vez es hacia donde debemos apuntar con la gestación solidaria.

Creo que todo esfuerzo educativo, legislativo y regulador debe tener eso como norte, o la puerta estará abierta a otro tipo de fenómenos que sí considero peligrosos.

Las historias que hay que contar

Existe la necesidad urgente de visibilizar anécdotas, experiencias y demandas para una mejor comprensión del tema de la gestación solidaria en Cuba.

No saber que existen experiencias previas y personas que las necesitan hace que el imaginario social no cuente con elementos para construir una narrativa acertada, objetiva, y que predominen mitos, estereotipos y resistencias basadas en dichos mitos y estereotipos.

Además, la difusión de discursos en contra, con toda la carga simbólica y desinformativa, genera una visión no reflexiva del fenómeno. Esta impide hacer un análisis de pros y contras y, al negar de plano la posibilidad de siquiera valorar la opción, impide su regulación ante un panorama donde es inevitable que existan casos.

Aún en redes sociales muchas de las personas de nuestro país que hablan del tema continúan refiriéndose a este como «alquiler de vientres» y «venta de vientres», en un claro ejemplo de términos ya establecidos que hay que resignificar y repensar, como parte de una educación social, jurídica y en derechos sexuales y reproductivos, que hay que emprender lo más pronto posible.

De ahí la importancia de promover las experiencias, desde lo teórico, pero más que nada, desde la narrativa de quienes lo viven y demandan, como parte de la educación para la gestación solidaria.

Acá les dejo enlaces al artículo de El Toque y a dos episodios de podcast contados desde la experiencia real

https://go.ivoox.com/rf/92615326

https://podcasts.google.com/feed/aHR0cHM6Ly9mZWVkcy5ucHIub3JnLzUxMDMxNS9wb2RjYXN0LnhtbA/episode/MzNhYmJmYjMtNzcwNy00OGUyLTg2YjUtODI5ZTljZDNkMTNj?ep=14

https://eltoque.com/gestacion-solidaria-y-sus-retos-en-cuba

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